Líneas mágicas
Se nos indico que debíamos concentrar nuestros esfuerzos en las proporciones del dibujo. El modelo era sugerente, tenía diversas cualidades que hacían difícil su reproducción. Se nos indicaba uno a uno las deficiencias de nuestros bocetos y se nos animaba a seguir. Su belleza era majestuosa: tez blanca, labios enrojecidos, ojos de miel. Mi mano moldeaba cada una de sus formas con total dedicación. Nuestros rostros se cruzaban de vez en cuando, pero el temor a ser descubiertos nos espantaba. En momentos olvidaba la técnica y experimentaba con su rostro. Me sentía a su lado, pero la distancia era evidente. Ya sólo quedaban los retoques finales y el profesor se acercó a mi puesto. Detuvo todo proceso creativo y llamo la atención del resto de la clase exhibiendo mi pieza maestra. En ella no existía modelo alguno sino mi cómplice, el reflejo de mis ojos: la hermosa muchacha que se ubicaba enfrente mió.
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