Expresso
Pablito abrió la puerta, y sintió como el frío penetraba en sus huesos. Se quedó quieto por unos segundos, como queriendo no salir. Recordó la prueba coeficiente dos de Biología y se decidió a dar el primer paso fuera de casa. Apenas comenzó a caminar, recordó cómo su madre le preparaba un tazón de leche caliente, cada vez que su cuerpo lo necesitaba. Casi por instinto comenzó a correr, las calles se habían congelado. Pablito comenzó a resbalar, un escalofrió recorrió su cuerpo. Vio como el suelo se acercaba a su rostro. El choque era inminente. De pronto un sonido lejano le hizo olvidar su terrible destino. Su cuerpo golpeó el pavimento, pero Pablito no sintió dolor alguno. Aquel ruido lo perturbaba, necesitaba saber de dónde venía. Cerró sus ojos, agudizó sus sentidos; consiguiendo al fin la dirección exacta de aquella sonoridad. Se puso de pie y corrió hasta la matriz de su perturbación. Se abrieron las puertas y el conductor le dio los “buenos días”. Pablito caminó hasta un asiento y reposó en él aliviado, sabiendo que en cinco minutos más estaría en su pupitre, listo para la prueba de Biología.
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